¡Hola papás y mamás de nuestro dulce Blog!

Hoy queremos compartir con vosotros una reflexión sobre las formas y estilos de educación.

Todos sabemos que la educación durante la primera etapa de la vida de nuestros hijos es una etapa tan importante que determinará muchos de sus comportamientos de adulto así como parte de su personalidad.
Educar puede ser fácil y a la vez tan complicado  porque necesitamos un cambio en nosotros, los adultos, para poder abandonar ciertas conductas aprendidas y heredadas de generación en generación que utilizamos en el trato con ellos.

Muchas veces estos comportamientos o actitudes salen solos, sin que nosotros nos lo propongamos, pero podemos cambiar eso si de verdad queremos y deseamos que los niños crezcan de manera sana.

Sacar lo mejor que hay en cada uno de ellos es posible a través de una educación más positiva sin necesidad de controlarles, ni de castigos ni de amenazas.

¿Qué debemos hacer entonces?

  1. Conocer las necesidades que tiene el niño y su comportamiento para poder comprenderle y establecer una relación de amor con él.
  2. Reeducarnos a nosotros mismos para dejar de intentar ejercer un control sobre el niño para que muestre cuál es su voluntad y sea él mismo, no quien nosotros queramos que sea.
  3. Ponernos en su lugar  así entenderíamos que muchas situaciones complicadas que se dan con él, realmente no lo son, ya que, si nos sucediesen a nosotros, como adultos, tampoco nos gustaría que nos tratasen como lo hacemos con él.
  4. Conectar con el niño a través del contacto afectivo. Los abrazos y los besos son fundamentales.

 

“A prender a educar sin gritos, amenazas, ni castigos”

En este libro encontraréis muy detalladas y desarrolladas en profundidad cada una de las necesidades emocionales básicas del niño (ya que la autora dedica un capítulo a cada una de ellas).

Lo mejor es que Naomi Aldort, su autora, nos lo cuenta con un montón de ejemplos de situaciones reales que ella misma ha vivido con diferentes familias con las que ha trabajado. De esta manera nos podemos sentir identificados con muchas de las situaciones que muestra y nos puede ayudar a poner en práctica otra manera de relacionarnos con los hijos.

Destacaríamos un montón de cosas que nos han encantado del libro, pero nos quedamos con dos ideas:

 

  • La necesidad de la validación de los sentimientos de los niños, hacerles sentir que nos importa lo que les sucede, aunque muchas veces nos parezca una tontería o que no tiene importancia, para ellos sí, igual que nosotros queremos que a las personas que queremos les importe lo que nos pase.
  • El amor incondicional hacia el niño, da igual lo que haga o como sea él para sentirse seguro necesita nuestro amor a pesar de todo. De esta manera crecerá no sólo sintiéndose seguro, también con confianza, autoestima y se sentirá capaz de TODO. Esto no quiere decir que no haya que poner límites, pero os animo a que no os perdáis detalle de este magnífico libro para comprender esto y muchas cosas más que no tienen desperdicio…
    ar sin dar forma, como un jardinero que riega las flores, pero no las ayuda a abrirse, ni tampoco elige sus formas ni colores.

Besitos para todos